viernes, 6 de junio de 2008

Bailando con Guido

Jueves 19:30 hrs.


Todo es habitual en el distrito de San Isidro: los carros pasan repletos por la Av. Javier Prado, la gente cruza las pistas en manada, los supermercados están repletos, el Starbucks tiene al menos 4 clientes conversando en sus instalaciones (de los cuatro, al menos dos son rubios). En la calle Las Begonias algo sucede en ese instante: La Clase de Baile con Guido va empezar!!!

Yendo por obligación (y porque tengo que darle uso a la plata que invertí) a un conocido gimnasio, suelo entrar a las clases grupales: taibo, baile, steps, shadow fight (mi favorito!) debido a que mi súper entrenador Dante me recomendó dichas clases... yo quería boxeo jeje.

Un día hace dos semanas aprox. se me ocurre ir el día jueves. ¿Que tocaría ese día? No tenía idea alguna. Fui al baño porque ahí suele publicarse los horarios y decía "Baile - Prof. Guido". Una vez había entrado a una clase de baile que NO me gustó para nada ya que era Baile Intermedio y me sentía más perdida que huevo en cebiche, pero aquí no decía si era básico, intermedio u avanzado. Entro con cierto temor por ver qué clase de música iba a poner y qué tanta gente iba a asistir. Éramos muy pocos.

Llega el profesor con un pantalon verde y negro pegado, cabello recogido y un bividí negro elastizado. Por las pocas palabras que le escuché decir al personal de apoyo del gimnasio me di cuenta que no era peruano. Su altura, un poco más que la mía, y bastante delgado, tenía el cuerpo que debía tener.. no era un huesitos pero tampoco tenía músculos extras como los trainers aquí.

Como éramos pocas personas... mujeres y un sólo hombre, el profe nos llama hacia adelante y apaga la luz de la mitad del salón - justo de la zona donde estábamos - porque, según él, genera un ambiente un poco más privado. Empezó la música: ritmos cumbiamberos empezaron a brotar del reproductor y el profesor Guido empezó a moverse con pasos básicos y simples, cosa que podíamos seguir con mucha facilidad.

Los pasos no variaron mucho mas que movimiento de hombros y vueltas, pero sin darnos cuenta eso nos hacía sudar. No hay tanta exigencia de él por hacer pasos coordinados que si no los haces correctamente te pierdes del todo. Eso hacía especial a Guido. Lo que sí variaba mucho eran los ritmos: reggeaton, rock, cumbia, salsa, entre otros.

La 2da clase a la que fui de Guido, creo q fue el siguiente jueves, me di cuenta que había mucha más gente y entre ellas muchas mujeres de cuerpo muy bello... como que uno dice: "...y ellas, ¿para qué vienen a un gym?". Esta vez no había hombres, bailamos hasta más no poder (fue una de las clases en que más sudé). Muy aparte de sus dotes para el baile, Guido tiene dotes en el habla: hace bromas, gestos, movimientos sensuales (yo creí que era una loca profunda), y sabia experiencia... nunca olvidaré su consejo:

"Los mejores amores son los que duran... una hora"


Jejeje.. en fin.. así es Guido de contagiante: contagia ritmo, alegría, picardía y más. Ayer me sorprendió que el salón estuviera casi lleno. Su éxito se está haciendo conocer entre los clientes de este local, con decir que ayer había 5 hombres en la clase!! y para poner la cereza, logramos bailar dos canciones de los Rolling Stones con las luces apagadas del salón. Fue alucinante.

1 comentario:

Ramiro Vera dijo...

buenisimo el blog...

un abrazo